
Por David Rivera y Christian Navarro
Es conocida (y criticada por algunos) la autoestima de los arequipeños, por ellos y por su tierra. ¿Cómo conseguir una apreciación objetiva de lo que viene ocurriendo en una región que está creciendo a tasas por encima del promedio del país? Porque el PBI de Arequipa ha venido siguiendo un ritmo anual de 6,8% durante los últimos nueve años.
María Pía Palacios es limeña pero llegó a Arequipa hace 18 años. Fue testigo del colapso del parque industrial arequipeño tras las reformas de los noventa, vio de cerca el Arequipazo del 2002, vivió el terremoto del 2001, y hoy es parte, como consultora y directora, del despegue de muchas empresas arequipeñas. Tiene la cercanía y la distancia necesarias para dar una opinión objetiva sobre lo que ocurre en la segunda economía del país.
Nos encontramos con ella en el Zig Zag, un restaurante de comida “alpandina” donde las carnes y pescados a la piedra volcánica son la especialidad. Tras mirar la carta le comentamos que en Lima es cada vez más común escuchar hablar sobre el boom gastronómico arequipeño.
¿Cuánto tiempo tiene este restaurante, dos años?, le preguntamos. “No”, nos responde. “Unos 10, y tal otro [que habíamos comentado antes] unos ocho. Ustedes los limeños se quedaron estancados en el Arequipazo”, disparó a boca de jarro.
Como para darle la razón, el segundo día de nuestra visita a Arequipa hubo un paro convocado por el Sutep, el sindicato de los maestros. Y, la verdad, jamás nos hubiésemos enterado si no fuera por una pequeña nota en el principal diario de la ciudad, El Pueblo, donde se informaba que mayoritariamente el paro no fue acatado, diríamos que casi por nadie.
Palacios, directora del Instituto de Desarrollo del Sur del Perú (Prosur), no niega que el levantamiento contra la privatización de las empresas eléctricas del sur durante el gobierno de Alejandro Toledo pusiera freno de emergencia a las inversiones en la región, pero también cree que el boom actual se viene gestando desde hace más tiempo del que conocemos en Lima. ¿Desde cuándo?, nos preguntamos. Casi desde ese mismo momento, al parecer.
Para muestra, Quimera
¿Cómo se pasa de facturar S/. 1 millón a US$ 85 millones en solo cuatro años? No es fácil lograrlo, pero en Arequipa se puede.
Juan Carlos Córdova realizó sus estudios superiores y de posgrado en Estados Unidos, hacia donde partió siguiendo a quien ahora es su esposa. En el 2004 decidió volver a su terruño. “Siempre tuve claro que si volvía al Perú sería a Arequipa, de ninguna manera a Lima. Es un tema de calidad de vida… Mis amigos me decían que estaba loco, que cómo se me ocurría regresar a Arequipa. Todavía estaba la cicatriz del Arequipazo”, recuerda.
Juan Carlos entró a trabajar al grupo Inca, uno de los principales productores de textiles de alpaca del país, donde solo duró hasta el 2007. Un año antes había comenzado a planificar el sueño del negocio propio. Aún como dependiente, decidió apostar por la compra de un terreno para diseñar un condominio, lotizarlo y vender los espacios. Su idea era darle un valor agregado que las constructoras de entonces ni consideraban: jardines y espacios públicos, entre otras innovaciones para la ciudad. Convocó a varios amigos para desarrollar el proyecto en conjunto. Todos aceptaron de palabra. A la hora de la hora, se tiraron para atrás. El “loco” decidió hacerlo solo.
Gracias a que el proyecto fue aceptado por un banco, logró el financiamiento, lo desarrolló y vendió todos los lotes en la etapa de preventa. Este fue su primer millón. Pero lo más importante fueron las señales que le dejó este primer éxito: que había recursos, que — sospechaba— venían sobre todo de la minería (Cerro Verde, en particular); que las personas estaban dispuestas a pagar más por una oferta diferenciada; y que era la hora de apostar.
Con las ganancias y nuevos créditos bancarios (que se hicieron más fáciles por el éxito obtenido) comenzó a comprar terrenos, donde ha ido desarrollando nuevos proyectos habitacionales, siempre bajo la lógica de que ofrezcan algo más que el promedio del mercado. Pero no solo eso: con la seguridad ya ganada y con la visión que había adquirido viviendo afuera y que ahora buscaba trasladar a su tierra, convirtió el grifo que tenía su madre en una cadena de 12 estaciones de servicio. Más adelante ingresaría al mercado de lubricantes con una marca propia, y luego montaría una distribuidora de productos de consumo masivo, una empresa de transporte de carga pesada, una empresa de alquiler de maquinaria pesada para la minería —a partir de una empresa prestadora de servicios para el sector, que era de su padre—, la recolección de residuos industriales y reciclaje de una parte de ellos, etc.
Hoy, Quimera tiene en camino la construcción de la primera planta de tratamiento de residuos industriales del sur del país; está negociando asociarse con una empresa mexicana para la instalación de una planta para la producción de sus propios lubricantes; y construye el primer centro empresarial de la Ciudad Blanca, que estará listo en diciembre del próximo año y que albergará un hotel de cinco estrellas. Pero también tiene en cartera la construcción de otros tres hoteles de lujo, en un joint-venture con la cadena Sonesta (en el Colca, en el norte y en Puerto Maldonado); y ya planifica el primer proyecto inmobiliario en las tierras donde se espera que se traslade la nueva ciudad de Arequipa para evitar que la actual colapse.
Creando riqueza
El caso de Financiera Crear también es digno de mención. Javier Valencia, el gerente general de esta empresa, nos contó su aventura de más de 18 años en su oficina de la calle Santa Marta, en el Cercado de Arequipa.
En 1992, Hábitat Arequipa Siglo XXI, una ONG creada durante el gobierno de Fernando Belaunde para canalizar proyectos de vivienda, modificó su giro de negocios hacia las finanzas. Se orientaron a los emprendedores y migrantes a la Ciudad Blanca, pues entendieron que antes que un problema para una ciudad que solía rechazarlos, ellos podían ser una fuente de progreso. En 1998 se convirtieron en la Edpyme Créditos Arequipa (Crear), producto de la nueva regulación financiera que también generó entidades como Mibanco, Edyficar (hoy en manos del BCP) y Confianza (en las del BBVA Banco Continental). En el 2000 incursionaron en Lima y seis años después, producto de una mayor fortaleza patrimonial, se convirtieron en financiera.
Como el resto de la economía, Crear sintió los efectos de la crisis internacional de finales de los noventa y luego del Arequipazo, pero en los últimos ocho años (desde el 2002) su crecimiento ha sido de 40% cada año. Es decir, se multiplicaron por 10. Impresionante. Sus colocaciones han pasado, en ese lapso, de S/. 23 millones a casi S/. 240 millones. En el sur, después de la Caja Municipal de Arequipa, que reportó colocaciones por más de S/.1.200 millones en el 2009, son la segunda institución financiera más grande. Han pasado de tener 765 clientes en 1998 a más de 100.000, y tras su incursión en Lima, 50% de sus colocaciones se realizan en la capital.
Seis de cada diez créditos que otorga en Arequipa (el otro 50% de su cartera) van a empresarios que se dedican al comercio; tres, a actividades productivas; y uno, a servicios. En la década de 1990, la mayoría iba al segundo rubro. Este cambio reflejaría los mayores recursos que ingresan a la economía a través de los salarios que reciben los trabajadores de Sociedad Minera Cerro Verde, una mina que está 35 minutos al sureste de la ciudad, en auto, y que es responsable de casi una cuarta parte del cobre producido en el Perú. Cerro Verde fue uno de los activos que la estatal Minero Perú privatizó en 1994, y fue a parar a manos de la estadounidense Cyprus Amax, que en 1999 fue absorbida por la gigante Phelps Dodge.
Historia de una revolución
La apreciación de Palacios sobre el resurgir de Arequipa coincide con la de otros entrevistados, como el saliente alcalde Simón Balbuena. La Ciudad Blanca, en general, venía siguiendo el mismo proceso del país hasta el Arequipazo, en junio del 2002.
El parque industrial prácticamente desapareció con las reformas y la liberalización de los noventa; comenzó a despegar hacia 1994-1995; la recesión internacional de 1998 los golpeó como al resto del país (y con ella terminaron de morir las empresas que tenían que morir); y en el 2000 solo quedaban algunos buques insignia como Gloria, Laive y algunas textiles.
El retorno a la democracia en el 2001 había comenzado a generar una nueva expectativa y a mover la economía. Prueba de ello fue que en abril del 2002 la ciudad vio aparecer al primer centro comercial de provincias: el complejo de Saga Falabella en la Avenida del Ejército, en el corazón del residencial barrio de Cayma. “Los arequipeños comenzaron a sentir que ya tenían algo que perder”, señala Palacios. La ciudad ya era “visible”, “elegible”.
El presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, Julio Morriberón, opina que hay un “antes” y un “después” de la llegada de Falabella. “La señal fue que había un mercado maduro y preparado para la modernidad”, afirma. Además, fue un hecho que levantó el ego ciudadano. “Nosotros no podíamos creer que la apertura de los cines fuera primera plana en los diarios de la ciudad”, recuerda uno de los ejecutivos que participó en el arribo a la ciudad de Cine Planet, una cadena que también forma parte de ese complejo comercial. Así, esta llegada rompió con una costumbre arraigada en los arequipeños: el estatus estaba definido no por quién tenía más o gastaba más dinero, sino por quién ahorraba más. Eso cambió desde ese momento.
Pero entonces, se produjo el Arequipazo y dejó desconcertado al empresariado. “Se vivía una situación de desesperanza”, confiesa un ejecutivo de Lima cuyo negocio ingresó al mercado arequipeño en esa época.
Sin embargo, para Morriberón el levantamiento no expresaba un rechazo a la inversión privada, sino que era una muestra de dignidad, una respuesta a la forma en la que se pretendía proceder con la privatización, sin explicar nada ni escuchar la posición de los arequipeños. “En Arequipa nunca ha habido una oposición contra la inversión privada”, asegura. El Arequipazo, consideran otros, también habría sido un respuesta a la postergación que recibieron durante el gobierno de Alberto Fujimori, más aun después del terremoto que azotó la ciudad en junio del 2001. De otro modo, Arequipa jamás hubiera dado pase a Cerro Verde, uno de los proyectos privados que han dinamizado su economía.
Revuelta y reconstrucción
La etapa posterior al Arequipazo, durante la reconstrucción de la ciudad, también gestó otro punto de quiebre relacionado con un cambio de actitud en el empresariado sureño, que tomó la iniciativa y se organizó al ver la inoperancia estatal con los recursos públicos que llegaban para volver a levantar la infraestructura caída durante el sismo del 2001. Fueron las empresas arequipeñas las que gestionaron e incluso financiaron algunas de estas obras.
En el 2003, la campaña de promoción del Perú como destino turístico en Europa y Estados Unidos, trajo como consecuencia el despertar del turismo en la región, sobre todo de la mano de la apertura del Colca como lugar de visita en el circuito turístico del sur. Ese año se duplicó el número de arribos a la ciudad y el número de pernoctaciones, según datos de Promperú.
En paralelo, el crecimiento de Lima empezó a irradiar —“chorrear”, dirían otros— a las provincias y se vieron los primeros frutos de los cultivos de agroexportación, como el pimiento piquillo, la palta y las alcachofas; así como el despegue de productos más tradicionales, como las cebollas, el orégano y los ajos. Al mismo tiempo, comenzaron a aparecer grandes campos ganaderos para abastecer de leche a la más transnacional de las firmas arequipeñas, Gloria, y el sector lácteo comenzó a repuntar.
En el 2007 fue el turno de la minería, de la mano de un boom en el precio de los metales. Ese año Phelps Dodge fue adquirida por Freeport-McMoRan Copper & Gold, como parte de la ola de fusiones entre las mineras globales, y Cerro Verde culminó un proyecto de ampliación que la llevó a más que duplicar su capacidad de producción con inversiones agregadas de unos US$ 850 millones. Con ello, se convirtió en una de las locomotoras de la economía regional: solo ese año, el PBI de Arequipa creció un sorprendente 15,5% anual. Un año antes, los ejecutivos de la minera se jactaban de haber cuadruplicado la producción de la mina desde su privatización y de haber reducido los costos en 40%.
Pero el boom de los precios de los metales se sintió también a través de otras minas del sur como la cusqueña Tintaya (explotada por Xstrata), cuyo canal de exportación es el puerto arequipeño de Matarani, y otras como Ares, Arcata (ambas en Arequipa y propiedad de Hochschild Mining PLC) y Minsur (en Puno, propiedad del grupo Brescia), que tienen a la Ciudad Blanca como su base en el sur, lugar de residencia para sus ejecutivos y sus familias y, sobre todo, plaza para sus gastos o inversiones.
Perlas del boom
Con todo esto, los ingresos de las familias arequipeñas se han disparado, y se han incrementado en cerca de 60% en los últimos seis años. La Encuesta Nacional de Hogares así lo refleja.
Ello ha significado, en primer lugar, un boom inmobiliario. Los terrenos en Cayma han pasado de valer US$ 80 por metro cuadrado a US$ 400 en unos cinco años. Y en Mejía, el Asia de los arequipeños, el alquiler de una casa en primera fila, que costaba US$ 1.000 mensuales hace cinco años, hoy vale US$ 3.000. “Siempre ha habido gente en Mejía, pero ahora hay una explosión”, afirma Palacios. Según la oficina del Banco Central de Reserva en Arequipa, en los últimos 10 años los precios de las viviendas se han multiplicado por 10 en algunas zonas.
“Los recursos provenientes de la minería están distorsionando el mercado, no solo por los ejecutivos de la mina sino también por el personal técnico. Cerro Verde no tiene campamento, entonces las viviendas, comercio y servicios se toman en la ciudad”, refieren.
Quimera, por ejemplo, ha crecido con la ola inmobiliaria pero se prepara para competir más agresivamente, en vista de que los ingresos de la minería seguirán aumentando y van a tener que competir con las grandes constructoras, que ya han puesto los ojos en Arequipa y andan en busca de proyectos. “Son discretos, pero hay varios gerentes de las constructoras grandes de Lima que están dando vueltas por la ciudad”, comenta una fuente cercana a estas empresas. Eso explica que Quimera haya contratado a una consultora para encabezar un proceso de mejora organizacional y así adaptar normas de buen gobierno corporativo, algo que le permitirá salir al mercado de capitales a levantar financiamiento para sus proyectos.
Pero el comercio también se ha dinamizado. Antes de que finalice este año, Arequipa pasará de tener un solo centro comercial tipo power center, el complejo de Saga Falabella en Cayma (donde operan la tienda por departamentos, Cine Planet, El Súper y un reducido número de tiendas pequeñas y restaurantes de comida rápida), a contar con tres centros comerciales de mayores dimensiones, operados por los líderes de la avanzada de este negocio: Real Plaza, la empresa del grupo Interbank; y las empresas de capital chileno Parque Arauco y Mall Aventura Plaza. Todos con los formatos que compiten en Lima y más. Sus inversiones superan los US$ 130 millones y están teniendo un efecto dinamizador de la construcción local.
Así, no extraña que Arequipa haya pasado a liderar las expectativas de contrataciones por región, por encima de Lima. “Es el bastión del optimismo en cuanto a la contratación de personal”, comentaba al diario Gestión Felipe Aguirre, gerente general de Manpower Perú, una consultora internacional que mide cada trimestre el pulso del mercado laboral. Hay un 41% de empresas de la región que dicen que incrementarán la contratación de personal en el tercer trimestre del 2010, más que el promedio nacional, de 30%.
¿Qué mueve a Arequipa? Según Manpower, el comercio, pero también la actividad portuaria, las expectativas de la próxima apertura de la Interoceánica Sur, el turismo y desarrollo agrícola. Para el BCR, la estructura productiva de la región está cambiando. “Construcción no era muy importante y hoy lo es”, afirman. En el censo del 2008, con información del 2007, la manufactura era la actividad económica más importante, con 20,4% del PBI arequipeño; mientras que el comercio derivado de ella contribuía con 13,9%. Hoy, la manufactura tiene 18,4%, mientras que la construcción ha pasado de 8,5% a 12% del total.
Consumidores y consumo
Pero si algo ha cambiado en Arequipa, y que quizás augura éxito para los tres grandes proyectos comerciales que se instalarán este año allí, son sus consumidores. Y cambiarán más. Arnaldo Aguirre, gerente de Consultoría de Arellano Marketing, dice que, en términos sociales, las aperturas de los tres malls serán importantes y se anticipa a un escenario a marzo del 2011 con tres cambios relevantes en el día a día de los arequipeños.
“¿Qué pasará con el Jirón de la Unión de Arequipa, la calle Mercaderes?
Será la calle de los turistas, digo yo”, se contesta Aguirre. Un segundo cambio podría ocurrir con la zona de entretenimiento de la ciudad: San Francisco, donde opera la conocida discoteca Fórum. “¿Qué pasó en Trujillo? El Real Plaza abrió una discoteca y ‘rompió’. Yo no sé si algo de eso viene en el sur —United Disco, propietaria de Aura, estaría cocinando algo”, dice. Y tercero, “¿qué va a pasar con la expectativa de servicio de los arequipeños cuando disfruten de los beneficios de tener tres centros comerciales?”. Aguirre apuesta a que las expectativas de servicio, claves para ganar la preferencia de los consumidores, subirán. “Esa es una realidad que los mismos arequipeños todavía no dimensionan, hasta que les ocurra.
Esta es la evolución que está ocurriendo en Arequipa”, enfatiza.
Un cuarto cambio tendría que ver con los lugares donde los arequipeños compran. ¿Dónde lo hacen? “Depende. El Avelino —la plataforma Andrés Avelino Cáceres, que concentra unos 50 mercadillos en el distrito de Bustamante y Rivero— es un monstruo, es Gamarra mezclado con Polvos Azules y con el mercado mayorista. Pero Makro, la transnacional holandesa de supermercados mayoristas, va a abrir frente a él su quinta tienda en el Perú antes de diciembre. Y después, Arequipa tiene sus zonas típicas para comprar zapatos, licores, etc. Eso es Lima antes de los centros comerciales, y va a cambiar dramáticamente”, apunta.
El consultor de Arellano comenta que Arequipa ha sido transformada por las migraciones. “Limeños hijos y nietos de limeños son solo 12% de la población. Arequipa no es la excepción. Ha sido invadida — ‘transformada’ es una palabra más adecuada—, fundamentalmente por la inmigración de Puno, en especial la de Juliaca, aimaras, caracterizados por su gran visión de negocios”, sostiene. Así, el arequipeño típico es hoy una minoría geográficamente localizada, mientras que la periferia de Arequipa es una mezcla de primera hasta tercera generación de migrantes, fundamentalmente puneños. Estos nuevos arequipeños tienen una visión moderna como consumidores, “son liberales, capitalistas, comerciantes, progresistas; están buscando hacer negocios, progresar; el dinero les quema en las manos, sienten que tienen que hacerlo trabajar”, dice.
En Real Plaza, donde pronostican vender US$ 40 millones anuales una vez que su proyecto esté completo, también son optimistas. “Arequipa está cambiando, ya las empresas [de retail] están yendo a lo grande, no van a probar”, comentan muy escuetamente.
La pregunta surge sola, sin embargo. ¿No es un exceso de oferta tres centros comerciales de grandes dimensiones para la ciudad? En Real Plaza, aunque creen que, en principio, sí es mucha oferta para la demanda que hay, las señales son positivas: las ventas del segundo Plaza Vea de la ciudad (el primero, abierto en el 2007, fue uno de los primeros supermercados de provincias) van bien. Y ellos consideran que tienen una ventaja: su ubicación. Situado en la cuadra 10 de la Avenida del Ejército, el Real Plaza Arequipa está cerca de dos de las zonas residenciales más importantes de la ciudad: Cayma y Yanahuara. Pero no solo eso: gente de otros distritos pasa por la zona, ya sea que trabajen en el Cercado o en la misma avenida, sede de muchas de las sucursales de las principales empresas del sur peruano. “Toman sus buses al frente”, apuntan.
Sin embargo, Real Plaza ha tenido que rendirse ante una demanda absoluta —casi dictatorial— del consumidor arequipeño: su cocina. Por eso es que decidieron contar con formatos locales de restaurantes como El Pollo Real, El Turko, Capriccio y Salchichería Alemana, por ejemplo. Una estrategia que Parque Arauco seguirá no solo para su oferta gastronómica, pues ha decidido que su tienda por departamentos ancla en Lambramani será Estilos, una marca arequipeña bien posicionada que ha asumido el reto de hacerle la competencia a Saga, Ripley y Oeschle.
Laboral restricción
Pero no todo es optimismo. El crecimiento tiene sus limitantes. Y en Arequipa ello ya comienza a sentirse en un tema clave: el talento.
Saulo Cavero es el gerente del proyecto del centro comercial Parque Lambramani, del grupo chileno Parque Arauco, propiedad del árabe de origen arequipeño José Said. Mientras recorremos las instalaciones del futuro mall, que podría marcar un hito en la calidad de los centros comerciales en el Perú, Cavero y su gerente de Márketing, Fernando Stucchi, nos comentan que ambos fueron traídos desde otras partes del Perú. Saulo era jefe de Saga Falabella en su expansión hacia el norte, y fue seducido para manejar Parque Lambramani. No aceptó hasta que le presentaron la maqueta del proyecto y se dio cuenta de la magnitud del reto.
El caso de ambos ejecutivos no es aislado. Quimera está necesitando reclutar siete ejecutivos para todos los planes de expansión que tiene, y dado que en Arequipa no los ha encontrado, inició un proceso de búsqueda en Lima. Luego de entrevistar a unos 50 candidatos, solo han conseguido que dos se animen a ir a Arequipa. Siguen en búsqueda de los otros cinco. “Todo es más barato aquí, el clima es bueno, puedo ir caminando al trabajo, y puedo pedir que destaquen a mi mujer acá. Es más calidad de vida”, fue el comentario que hizo un ejecutivo limeño que liderará uno de los proyectos comerciales que abrirá a fin de año.
Palacios, habiendo percibido la escasez de recursos humanos que ha comenzado a enfrentar el sector empresarial arequipeño, ha ampliado los servicios de su consultora y ha creado una firma de head-hunting (cazatalentos). Ambas operan en Lima y en Arequipa. Y la head-hunter, en particular, está buscando ejecutivos en Lima para llevárselos a Arequipa.
La escasez se está dando también entre técnicos y obreros. Aunque no pudimos confirmar esta información, Alsur, la empresa agroexportadora del Grupo Mustafá, estaría buscando cerca de 300 trabajadores para la producción de alcachofas. Y habría tenido que salir a buscarlos fuera de Arequipa. Los jornales en el agro, en los últimos cinco años, han pasado de S/. 15 a S/. 35 en el caso de mujeres, y de S/. 20 a S/. 50 en el caso de hombres.
De otro lado, Juan Manuel García Calderón, director general de Tecsup Arequipa, institución especializada en la formación de carreras técnicas, dice que en el caso de la construcción civil la demanda de mano de obra ha superado a la oferta. En esta actividad, se está trayendo a la mayor parte de trabajadores de Lima, del norte del Perú, de Cusco y de Puno. “Es un sector en el que hay pleno empleo”, dice Raúl Castro, de la oficina del Banco Central de Reserva (BCR) en la Ciudad Blanca.
En el sector de ventas minoristas se ha producido un fenómeno curioso: tal es la demanda, que las tiendas se han comenzado a jalar a los “ventanilleros” de los bancos. “Son perfectos cajeros para las tiendas de este tipo. Los están tentando”, dice una fuente cercana a este sector.
Finalmente, otro dato para destacar. Según varias fuentes, no es posible encontrar empleadas del hogar. Todas prefieren dedicarse al comercio y al agro. Una señal que apunta a una ciudad con pleno empleo, como Trujillo e Ica, desde hace tiempo.
La energía del volcán Y esta situación da para más. “Con los proyectos mineros que están por salir está comenzando a haber una suerte de inmigración, la gente está regresando a sus ciudades. Antes e iban a Lima por una mejora, y hoy están regresando por la minería”, señala. El 70% de los egresados de Tecsup Arequipa trabaja en la minería. Tal es la demanda por estos trabajadores especializados que también existe demanda de las mineras del norte de Chile. “Se van muchos y nosotros también les estamos dando servicios a las empresa de allá, consultorías a empresas como Codelco, Anglo American y BHP Billiton. Chile tiene el mismo problema que el Perú, no hay gente con especialidad. Puede haber ingenieros, pero especialistas, pocos”, señala.
La Cámara de Comercio e Industria estima una inversión de US$ 7.000 millones en grandes proyectos para los próximos cinco años. Según el Ministerio de Energía y Minas, hay proyectos mineros por US$5.230 millones en la región, entre los que destacan el proyecto de hierro Pampa de Pongo, en Caravelí, propiedad de la china Nanjinzhao Group, con inversiones estimadas de US$ 3.280 millones; Tía María, de Southern Peru, por US$ 950 millones; y la ampliación de Cerro Verde, por US$1.000 millones. Y los que vienen en Apurímac (Las Bambas), Cusco (Antapacay) y Moquegua (Quellaveco), por US$ 14.500 millones, es muy probable que demanden más servicios de la Ciudad Blanca, y que los ingresos de sus trabajadores sean gastados allí. Según Castro, del BCR, el comercio se va a dinamizar en la región, producto de la carretera Interoceánica Sur, por las posibilidades de intercambio comercial con Brasil y el estado de Rondonia; mientras que todo parece apuntar a que el Colca se convertirá en el siguiente Urubamba, pues varias empresas del rubro hotelero ya han mostrado su interés en arribar a ese destino.
De otro lado, el gasoducto del sur hará más competitiva a la industria arequipeña y la construcción de una planta petroquímica le meterá otro empujón a la economía. A su vez, la ampliación de la planta de cementos Yura, del grupo Gloria, le permitirá cubrir toda la demanda del sur y exportar cemento a Brasil; Tisur invertirá US$ 100 millones en potenciar el puerto de Matarani; en tanto que el proyecto de irrigación Majes Siguas II habilitará poco más de 30.000 hectáreas para la agroexportación.
Todo eso lleva a pensar que Arequipa tomará una mayor dimensión e importancia en la economía, consolidándose como la segunda ciudad del Perú.
¿Una nueva Arequipa?
El problema es que si bien estos proyectos crean una gran expectativa, también generan una gran preocupación: Arequipa estaría al borde del colapso en un futuro no muy lejano.
Morriberón, presidente de la Cámara de Comercio e Industria de Arequipa, se pregunta si la infraestructura será adecuada para viabilizar todas las grandes inversiones que están en marcha. Y no es una pregunta menor. Arequipa, a diferencia de Lima o de otras ciudades, no tiene cómo expandirse horizontalmente, está cercada por el Misti, el Chachani y el Batolito de la Caldera.
Por eso, hoy la respuesta es un no rotundo, y no solo para Morriberón,
sino para casi todos en el ámbito privado.
Otro tema que tampoco deja de ser relevante en este contexto es el del aprovechamiento óptimo del agua en la región y la contaminación del río Chili. Hernán Vela, ex presidente de la Sociedad Agrícola de Arequipa y director de Semiagro, una empresa que importa y distribuye semillas, considera que la atomización de tierras que hay en Arequipa, con un promedio de 1,1 hectáreas por fundo cerca de la ciudad y 0,5 hacia el oriente, no representa un incentivo para tecnificar el riego, hoy mayoritariamente realizado por aspersión o inundación. Del mismo modo, Vela señala que el proyecto de tratamiento de aguas residuales de la ciudad, que ya cuenta con un expediente técnico —financiado por la minera Cerro Verde— y presupuesto del Estado y de la propia minera, se ha politizado, porque ningún alcalde quiere que su localidad sea el desagüe de la ciudad. Sin embargo, se trata de una cuenca ya contaminada y cuyos productos exportables, como la papa, la cebolla o los ajos, no pasarían los controles sanitarios de mercados exigentes como Estados Unidos, lo que impediría aprovechar los beneficios del tratado de libre comercio con ese país.
De ahí que una de las alternativas de solución a ambos problemas, la falta de infraestructura y la contaminación del Chili, sea mudar la ciudad a otro lugar. En el 2005, Gonzalo Galdos, director de la Escuela de Posgrado de la Universidad Peruana de Ciencias Aplicadas (UPC), presentó una propuesta en este sentido. “La idea es mudar la ciudad, fundar una nueva Arequipa, cerca de Majes, entre el valle de Vítor y el valle de Siguas, a 50 kilómetros de su actual ubicación. Llevar agua no sería problema y podrías hacer una ciudad totalmente ordenada, dejando la Arequipa actual como una ciudad-museo, para fines turísticos, como Toledo, Brujas o Cartagena”, señala.
Y es que, para Galdos, el próximo desarrollo de la segunda etapa de la irrigación de Majes debería contar con una ciudad que abastezca de mano de obra todos los proyectos agroindustriales que se ejecuta en esa zona. “Con eso la campiña arequipeña podría seguir desarrollándose y dejar de meterle presión a la urbe. Los que viven del agro podrían ir a la nueva Arequipa y llevar también una industria ligera, no contaminante”, añade.
Con ello, sostiene Galdos, Arequipa podría dedicarse a las actividades en las que realmente tiene ventajas competitivas: la minería y la industria asociada a ella; el turismo sofisticado, que aproveche el Colca, el Valle de los Volcanes y una ciudad-museo, dedicada a megaeventos y con una nueva cultura de servicio; los textiles a base de alpaca, y la agroexportación de frutales, una recomendación que consultores israelíes hicieron hace algunos años y que aprovecha la luminosidad, un cielo siempre despejado. No en vano, Vela dice que “el clima de Arequipa es un tesoro” que hace que, por ejemplo, la páprika se produzca con costos 30% menores que el estándar.
Volviendo a la propuesta de una nueva Arequipa, Quimera, que tiene a Galdos como director, ya ha comprado tierras en esta zona. Morriberón, al igual que otros empresarios arequipeños, reclama más liderazgo por parte de las autoridades y un mayor dinamismo, acorde con los tiempos que vive la región. Para darse una idea de qué modelo seguir en ese camino, tomó un avión y se fue dos meses a China, algo que da cuenta de la nueva actitud del empresariado characato. “Para que no me cuenten el cuento. Quería verlo con mis propios ojos”, se justifica. Descubrió allí las ciudades empresariales, zonas francas que pueden tener el tamaño de una provincia como la de Lima. Pero, a diferencia de China, Morriberón considera que ellos no necesitan las facilidades tributarias que se dan en el gigante asiático para promover la inversión. “Ni pensamos pedírselas al Gobierno central”, afirma. Arequipa tiene todas las condiciones para poder hacerlo. “Solo necesitamos infraestructura.
Lo veo muy factible”. Le consultamos por quién lo hará, si ni el gobierno regional ni el local parecen saber cómo (ni por qué) hacerlo. “Si las cosas siguen así, tendremos que gestar el proyecto en la Cámara”, puntualiza.
Mientras tanto, las migraciones a la Ciudad Blanca continúan. Desde el avión que sale hacia Lima, es posible observar las nuevas invasiones de migrantes que trabajan temporalmente en el agro o en la construcción y que ya se están ubicando en el camino que da justamente hacia donde se debería instalar la nueva Arequipa. Una promesa, por ahora.
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